"No hay viento favorable para aquél que no sabe a qué puerto se dirige" BLOG DE PSICOLOGÍA que pretende invitar a la reflexión a través de pequeñas historias cotidianas.
domingo, 4 de noviembre de 2018
PERO EN EL FONDO ME QUIERE...
sábado, 3 de marzo de 2018
S.O.S : LIBREMENTE PRISIONERA
lunes, 6 de junio de 2016
HIJOS A PERPETUIDAD
Mucho sufrimiento debe encerrar un
destete, cuando hay madres que se resisten tanto, así el bebé
ronde ya los cuarenta. Hijos que sin haber llegado a adultos, ya
lucen canas y permanecen niños.
sábado, 19 de marzo de 2016
PROCRASTINAR EN PAREJA (llegando tarde)
Sorprende como los adultos imitamos más
de lo deseable el comportamiento infantil que hace años legitimó
nuestra conducta. Es propio de los niños buscar excusas, simular
estar enfermos para evitar ir al cole o posponer indefinidamente los
deberes. Sin embargo, muchos adultos parecen no haber superado esta
fase de evitación, que a día de hoy llamamos de un modo más
sofisticado, procrastinación, que no es otra cosa que posponer una y
otra vez las tareas o responsabilidades que solo a nosotros nos
pertenecen.. Buscamos formas extravagantes para justificar nuestra
dejación, atribuyendo a factores externos nuestra imposibilidad de
hacer lo que tenemos que hacer. Excusas.lunes, 19 de octubre de 2015
AUTOINCULPACIÓN MANIPULADORA
sábado, 15 de agosto de 2015
¿SE PUEDE AYUDAR AL EGOÍSTA CON BUENAS INTENCIONES?
martes, 23 de junio de 2015
¿SE PUEDE PERDONAR UNA INFIDELIDAD?
domingo, 31 de mayo de 2015
YO PENSABA QUE...
martes, 28 de octubre de 2014
¿CULPABLE ES QUIEN SIENTE CULPA?
sábado, 9 de noviembre de 2013
CUANDO LO CORTÉS QUITA LO VALIENTE
Y es que lo cortés, a veces, sí quita lo valiente.
viernes, 9 de noviembre de 2012
GRADOS DE DERROTA
jueves, 16 de febrero de 2012
LA PAREJA: DESCIFRANDO CÓDIGOS

Hacerse el interesante siempre es una mala opción. Porque fingir requiere esfuerzo, dedicación y sobre todo, tiempo. No debió pensar eso Eva, cuando conoció a Gabi. Le pareció una buena estrategia de seducción mirar al chico sólo de reojo y cuando sabía que no la estaba mirando, procurando mostrar un gesto distraído, de estudiado desinterés. Y así fue urdiendo su estratagema para encandilarlo.
Y le pasó lo peor que le pudo pasar: que le funcionó. Después de muchos meses de persecución mutua, ella lo buscaba sibilinamente, insinuando pero no diciendo, mostrando pero no enseñando…Y él, ingenuo tontorrón, la perseguía abiertamente con más torpeza que tino, sufriendo las más de las veces, sonoros desplantes.
Aunque todos sus amigos le decían a Gabi que la diva estaba loca por sus huesos, éste dudaba. En su mundo, los mensajes eran claros: si te gusta se lo dices y se lo haces ver, y si no, pues lo mismo. Así se enredó en una historia larvada en ambigüedades.
Y se casaron. Y se sufrieron.
Gabi se cansó de esperar mensajes directos. Le había pedido infinidad de veces, oír en boca de ella alguna declaración de amor, corta y sincera. Algo que lo serenara en su búsqueda de señales que no llegaban.
Eva, se resistía a pronunciarlas, no porque le costara hacerlo, sino porque pensaba que si le decía “esas palabras”, dejarían de tener sentido…se perdería el amor. Se gastarían de tanto usarlas. Pero la verdad es que su temor era mucho menos romántico:
“Si se lo digo se relajará, se sentirá seguro de mí y entonces me dejará…Por lo tanto, esa seguridad suya no me conviene”
Una creencia que no contempla el hartazgo del otro, y en consecuencia, lo que pueda derivarse de él. Cada cual se harta como puede: los hay que toman atajos y son infieles, los hay que se sacrifican y deprimen, los que explotan, los que se vengan liándose con el trabajo o con un hobbie, y por fin, también los valientes, los que afrontan o se largan.
Gabi y Eva son co-responsables de lo que construyeron (o destruyeron).
Y es que, a lo bestia y resumiendo, en la vida siempre hay dos opciones: decir o no decir, hacer o no hacer…Y ser consecuente, o no, con la decisión que escogemos.
jueves, 2 de febrero de 2012
SI ME QUIERES...

Andaba yo pensando en cómo nos gusta complicarnos la vida. Ponemos mucho empeño en hacer difícil lo fácil, en atascarnos donde no hay obstáculos y en dar vueltas en círculos infinitos esperando llegar a lugares diferentes; eso sí, sin desviarnos, ni una sola vez, del mismo camino.
De locos. De idiotas.
Esto viene a que el otro día presencié una escena, que no por familiar deja de ser menos absurda.
Una mujer joven, Carlota, me cuenta entre lágrimas, que su novio la hace sufrir. Se siente más enfadada que triste (aunque esto ella aún no lo sabe), porque dice que el muchacho no satisface sus deseos en el modo que a ella le gustaría. Y claro, no rendirse a sus pies, sólo puede significar una cosa: que no la quiere lo suficiente; porque si él la quisiera de verdad, correría raudo y veloz a sacrificar su vida, sin que hiciera falta, sólo por disfrutar el regalo de su dulce sonrisa. Eso es lo que hacen los novios, si te quieren de verdad, claro.
La historia que la joven cuenta, no es una historia de amor, sino de sacrificios, y sobre todo, de veneraciones y altares. Pero ella aún no lo sabe.
El muchacho vive en un pueblo distinto al suyo, los separan unos pocos kilómetros, con transporte público apenas unos minutos.
La joven (muy joven) quiere vivir en pareja, jugar a ser mayor, casarse pronto y tener hijos…Crecer rápido. El muchacho no tiene tanta prisa. No se conocen demasiado, sólo un puñado de meses juntos da tiempo para bien poco.
La chica decide que él ha de dejar su pueblo, a sus padres, a sus amigos…a su entorno en el que vive razonablemente a gusto, para trasladarse a vivir con ella, a un pueblo desconocido, sin amigos, sin padres, en un entorno nuevo y extraño. El chico, más asustado que confuso, le propone esperar un tiempo. Esta respuesta, que no es una negativa sino una postergación, es recibida por la joven como un rechazo de proporciones descomunales. Herida en su narcisismo y casi ultrajada.
“Si él me quisiera no sólo lo habría dejado todo para venirse conmigo, sino que además estaría pletórico, feliz y celebrándolo. Por lo tanto, no me quiere”
Me asombra la capacidad que tenemos para idear ecuaciones tramposas; porque siendo coherentes con la premisa anterior, entonces Carlota debería deducir:
“Si yo no acepto con la misma alegría la necesidad de mi novio de tomarse algo más de tiempo (o incluso de rechazar la oferta), entonces estoy afirmando que no le quiero”
Es fácil atraparnos en falsas ecuaciones de dudosa igualdad.
En su lugar, y puestos a ser ecuánimes, deberíamos gritar al mundo:
“Sólo mis necesidades importan. Al cuerno las tuyas (amor mío)!” Eso sí, se recomienda hacerlo con la mejor de las sonrisas…para seguir confundiendo y confundiéndonos.
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jueves, 17 de noviembre de 2011
PAREJAS IMPOSIBLES
“El amor es un ingrediente necesario pero no suficiente para que una pareja funcione”.
María y Pepe se conocieron hace algo más de diez años, casi por casualidad. Se vieron, se gustaron, se sedujeron y se liaron. Sexo, amor, amor y sexo. Como suele pasar en muchos casos, apenas se dieron tiempo para conocerse. Ambos llegaban a la vida del otro esperando llenar sendos vacíos. Muy jóvenes para esperar poco del otro y demasiado mayores para aprender nuevas formas de ver el mundo. Cada cual a su manera suponía mucho y soñaba más.
Pronto aterrizarían. Descubrirían que esperar que sea el otro quien llene el propio vacío no sólo es esperar demasiado, sino que además obliga y responsabiliza al otro del propio bienestar de uno. Y eso ya es el colmo.
Les unía algunas cosas importantes, como el gusto por la lectura, los viajes de aventura, charlar, los amigos, el buen comer…Y pensaron que el entendimiento era comunicación, y ellos sobradamente la tenían.
No tardó en llegar la crisis. María, una mujer resuelta, independiente, socialmente activa, reclamaba a Pepe compartir más tiempo juntos. María sabía de la afición de Pepe por recluirse en su despacho, disfrutando de su privacidad. Le encantaba leer, navegar por internet o pintar sus bocetos. Pero sobretodo, le gustaba hacerlo a solas, en la intimidad de su espacio.
María no necesitaba tanto espacio para ella, le bastaba entre semana para dedicarse a sus cosas, sus amigos, sus inquietudes, sus hobbies y demás. Pero el fin de semana “esperaba vivirlo en pareja”. Sin embargo, sólo lo esperaba ella. Pepe gustaba de disponer también del fin de semana para sí, declinando ofertas conjuntas muy a menudo.
María sufría esperando que Pepe estuviera disponible para ella, pero es que Pepe también sufría sabiendo lo que María esperaba y sintiéndose incapaz de regalárselo. Cuando alguna vez lo había hecho, los dos sufrían: él se sentía forzado y ella herida. Ambos enfadados y culpables. “Si él me quisiera querría compartir más tiempo conmigo” se quejaba María. “Si ella me quisiera respetaría mi necesidad de estar solo”, se quejaba con amargura Pepe.
Su relación había sido tortuosa desde los inicios. Se querían y por eso insistían una y otra vez. Vivieron largas charlas donde se preguntaban y se respondían, donde se recriminaban y se lastimaban, donde se lloraban y se reintentaban. Buscaban nuevas formas de vivirse juntos, pero fracasaban. “No entiendo”, decían. “Pero si nos queremos, ¿cómo es posible que nos hagamos tanto daño, que malvivamos de esta manera?”.
Sencillo: necesidades diferentes, y forma de entender la pareja también distinta.
Pepe y María se entendían estupendamente cuando estaban juntos, pero es que compartían poco según la necesidad de ella y demasiado según la necesidad de él. Cuando uno de los dos “se sacrificaba” por el otro, ambos se sentían mal. El sacrificio implica renuncia, y en ese estado no se disfruta, se sufre. Y el otro viendo sufrir al sacrificado, se siente también mal. “Así no quiero” decían.
Pero es que si no es así, no es posible.
Con los años y muchas lágrimas, aprendieron que el amor es un ingrediente necesario pero no suficiente para funcionar bien y vivir mejor. Y por fin, se respetaron. La separación fue su precio. Final tristemente feliz.
jueves, 27 de octubre de 2011
¿POR QUÉ LE LLAMAN AMOR CUANDO QUIEREN DECIR DEPENDENCIA?


“Hagamos un trato. Si tú me dices ven, lo dejo todo. Verás cuanto te quiero: dejaré de hacer todas aquellas cosas que me entusiasman…Por ti. Dejaré de decir en voz alta lo que necesito decir. Me apagaré a tu lado, pero sabré disimularlo tan bien, que ni siquiera lo notarás. Sabré fingir para ti. Sabré darte todo aquello que anheles aunque a mí me haga pedazos. Renunciaré a mis pequeños placeres para vivir los tuyos aunque los aborrezca. Dejaré de ser quien soy para ser quien yo creo que tú quieres que yo sea. Seré tu sombra…pero no será alargada, no temas. Caminaré siempre detrás de ti, atenta a tus pasos.
Y todo este sacrificio tan generoso estoy dispuesta a hacerlo sin pedirte nada a cambio…sólo que tú estés a mi lado. Que no me abandones. Que me permitas ser tu esclava para que tú puedas ser mi amo. Da igual si me explotas o te apiadas de mí, sólo te pido que me dejes estar contigo. No merezco más.”
Este es el mensaje que entiendo yo de la campaña de televisión de una conocida operadora de telefonía, a pesar de venderlo como amor sublime y desinteresado. Nada más lejos.
Empeñarse en que el otro nos quiera es atentar contra la libertad de hacerlo o no, y una muestra clara de egocentrismo infantil.
Y es que la fórmula que los genios creativos de esta campaña publicitaria nos venden es peligrosamente errónea:
Sacrificarse, siempre implica renuncia, y la Renuncia implica malestar, y el Malestar implica Infelicidad.
Y por mucha contención disimulatoria que se pretenda, al final, uno explota. Se puede explotar para fuera (rabia, bronca)o explotar para dentro (rabia, tristeza, depresión). Pero se explota y se explota mal. Seguro. Añadiendo al drama la exigencia del cobro por los servicios prestados: “Después de todo lo que yo he hecho por ti…y así me lo pagas” .
Y a tomar viento el amor incondicional, porque incondicional nunca fue.
Y es que pretender que sea el otro quien llene mi vacío, es pretender demasiado. Y además es cargarle la responsabilidad de nuestro bienestar, lo cual es de una mezquindad supina.
¿Y se supone que esto es amor? ¡Pues viva la deshonestidad emocional, la dependencia complaciente y la esclavitud en nombre del Amor! Qué despropósito.
Pero no sé porqué me indigno, al fin y al cabo, anuncios así nos abonan el terreno a los psicólogos. De hecho, deberíamos pagarles un canon…
lunes, 2 de mayo de 2011
CRISIS DE PAREJA. BONITO ICEBERG

“Quiero que las cosas vuelvan a ser como antes”
Cuando oigo esta frase, pronunciada casi idénticamente por bocas diferentes, sólo se me ocurre una respuesta “No, hombre de dios, no…Puestos a cambiar, que las cosas vuelvan a ser mejores que antes, ¿no? Sino, ¿qué sentido tiene una crisis?”
Si hay que sufrir, que al menos sirva para dar un golpe de timón en una nueva dirección, más estupenda y saludable. Vamos, digo yo…
Cuando una pareja entra en crisis, normalmente la inicia uno de los dos, y el otro responde al shock inesperado (que nunca lo es), rezando y suplicando que las cosas vuelvan a ser como antes.
“Corramos un (es)tupido velo…como si esto no hubiera pasado”
Es la crisis más penosa, porque sólo uno de los miembros, el que ha explosionado, el que ha revelado lo indecible, el que por fin se ha liberado de la mordaza, el que ha decidido no seguir con la pantomima del malvivir, o del sobrevivir, decide romper el malogrado equilibrio, la comodidad incómoda. Es una lucha en solitario.
Curiosamente, quien hace el movimiento del “se acabó, ya no quiero seguir así” es a ojos de muchos, quien inicia la batalla, el malo o la mala de la película, el culpable. Aunque cabría preguntarse cuánto tiempo debió estar gestándose en los subterráneos de la relación, en la trastienda de la pareja, ese malestar, esa insatisfacción mútua. Porque como un iceberg, la crisis es sólo la punta, lo que emerge, lo que se ve. Y para que llegue a la superficie, a flote, a hacerse visible y evidente, ha sido necesario un volumen considerable de hartazgo, penúria, insatisfacción, deshonestidad, incomunicación, deslealtad, carencia, soledad y vacío. Por supuesto, invisible a ojos ajenos.
Nadie sorprende a su pareja con un “se acabó, esto no funciona”. Para llegar a este nivel se ha tenido que recorrer un laaaaaargo camino. Probablemente un camino silencioso, que se ha andado por separado, quizás a velocidades distintas y tomando algún atajo, y sobretodo evitando. Evitando hablar de las cosas que de verdad importan.
Las crisis son oportunidades de cambio. Necesarias y estupendas. Si fuera médico las recetaría a troche y moche. Aún a riesgo de que muchos no sepan apreciar lo valioso de vivirlas. Las crisis bien manejadas son excelentes antídotos para la pareja, oportunidades de decirse aquello que de verdad necesitan decirse. Pedirse aquello que de verdad necesitan pedirse, y vivirse aquello que de verdad necesita vivirse. Oportunidad fantástica para “zarandearse uno al otro” y resituarse juntos en el proyecto común que se hayan atrevido a dibujar.
Es del género tonto desperdiciar tanto sufrimiento, miedo e incertidumbre, para volver al mismo punto de partida en lugar de avanzar a nuevos horizontes.
“insert coin. Game over…”
miércoles, 9 de marzo de 2011
LA DEPENDENCIA EN NOMBRE DEL AMOR
Séneca dijo “No hay esclavitud más vergonzosa que la que se asume voluntariamente”, y alguien añadió “y el autocastigo la forma más degradante de humillación porque proviene de uno mismo”.
Ambas recuerdan a algunas parejas que se construyen falsamente en nombre del Amor.
Disfrazar de Amor lo que en realidad es miedo o necesidad. Nada nuevo. Tabla de salvación que pueda rescatar al náufrago de una muerte imaginada y no por ello menos amenazante. Tabla de salvación para quien se siente perdido y solo. Tabla de salvación para quien nunca fue alguien para nadie y se descubre, un día, que existe, porque alguien pronunció su nombre.
Estar a salvo es sobrevivir, que no es lo mismo que vivir bien. Se busca seguridad y protección. Se le exige a la tabla de salvación que nos lleve a flote, que no a buen puerto. Sólo a resguardo. Se le exige que se haga cargo de nosotros porque nos declaramos incompetentes para nuestro propio cuidado. Delegamos nuestra supervivencia, ni siquiera nuestro bienestar. Del disfrute ni hablamos. Son parejas que se sufren, aunque en secreto. Que se viven en un sinvivir. Que conviven sin compartir, en soledad.
Sorprende su transitar. Sin pasión, sin alegrías. No merecen más. Incómoda seguridad.
En nombre del amor y de la falsa seguridad, cuanto mal.
Resignarse a mal vivir es una opción, pero no la única posible.




