"No hay viento favorable para aquél que no sabe a qué puerto se dirige" BLOG DE PSICOLOGÍA que pretende invitar a la reflexión a través de pequeñas historias cotidianas.
domingo, 4 de noviembre de 2018
PERO EN EL FONDO ME QUIERE...
sábado, 15 de agosto de 2015
¿SE PUEDE AYUDAR AL EGOÍSTA CON BUENAS INTENCIONES?
jueves, 20 de noviembre de 2014
PRETENDIENTES
jueves, 27 de octubre de 2011
¿POR QUÉ LE LLAMAN AMOR CUANDO QUIEREN DECIR DEPENDENCIA?


“Hagamos un trato. Si tú me dices ven, lo dejo todo. Verás cuanto te quiero: dejaré de hacer todas aquellas cosas que me entusiasman…Por ti. Dejaré de decir en voz alta lo que necesito decir. Me apagaré a tu lado, pero sabré disimularlo tan bien, que ni siquiera lo notarás. Sabré fingir para ti. Sabré darte todo aquello que anheles aunque a mí me haga pedazos. Renunciaré a mis pequeños placeres para vivir los tuyos aunque los aborrezca. Dejaré de ser quien soy para ser quien yo creo que tú quieres que yo sea. Seré tu sombra…pero no será alargada, no temas. Caminaré siempre detrás de ti, atenta a tus pasos.
Y todo este sacrificio tan generoso estoy dispuesta a hacerlo sin pedirte nada a cambio…sólo que tú estés a mi lado. Que no me abandones. Que me permitas ser tu esclava para que tú puedas ser mi amo. Da igual si me explotas o te apiadas de mí, sólo te pido que me dejes estar contigo. No merezco más.”
Este es el mensaje que entiendo yo de la campaña de televisión de una conocida operadora de telefonía, a pesar de venderlo como amor sublime y desinteresado. Nada más lejos.
Empeñarse en que el otro nos quiera es atentar contra la libertad de hacerlo o no, y una muestra clara de egocentrismo infantil.
Y es que la fórmula que los genios creativos de esta campaña publicitaria nos venden es peligrosamente errónea:
Sacrificarse, siempre implica renuncia, y la Renuncia implica malestar, y el Malestar implica Infelicidad.
Y por mucha contención disimulatoria que se pretenda, al final, uno explota. Se puede explotar para fuera (rabia, bronca)o explotar para dentro (rabia, tristeza, depresión). Pero se explota y se explota mal. Seguro. Añadiendo al drama la exigencia del cobro por los servicios prestados: “Después de todo lo que yo he hecho por ti…y así me lo pagas” .
Y a tomar viento el amor incondicional, porque incondicional nunca fue.
Y es que pretender que sea el otro quien llene mi vacío, es pretender demasiado. Y además es cargarle la responsabilidad de nuestro bienestar, lo cual es de una mezquindad supina.
¿Y se supone que esto es amor? ¡Pues viva la deshonestidad emocional, la dependencia complaciente y la esclavitud en nombre del Amor! Qué despropósito.
Pero no sé porqué me indigno, al fin y al cabo, anuncios así nos abonan el terreno a los psicólogos. De hecho, deberíamos pagarles un canon…
miércoles, 21 de septiembre de 2011
VÍCTIMA Y VERDUGO

Hay quien hace suyo el himno pamplonés de fin de fiesta y martillea con El pobre de mí, cual mantra machacón, a quien quiera ponerle orejas.
Ese tipo de personas que abraza la compasión con furor cristiano. Pero la compasión del otro, por supuesto.
Los reconoceréis por su generosidad. Son tan desprendidos de sí mismos, que reparten quejidos lastimeros por doquier, allí donde vayan. Os regalarán horas y horas de penúrias sobre su mala fortuna. Os dirán que La Suerte jamás quiso acompañarlos (pronto vosotros tampoco). Personas sensibles a la propia desgracia. La suya siempre es más grande que la tuya. No los desafiéis con vuestras nimiedades. Sería obsceno.
Ni se os ocurra ofrecer ánimos, mucho menos alternativas de solución, o descargará sobre vosotros fuego enemigo, balas de punta hueca que no podréis esquivar.
Las oiréis silbar así:
“¿Pero cómo voy a hacer eso?” “¿Pero es que no ves que no puedo?” “¿Cómo se te ocurre?” “¿Es que no te das cuenta de cuanto sufro?”
Y las que se guardan en la recámara, ya sabéis, las mortíferas, aquellas que van directas al corazón, sin compasión:
“Y yo que me pensaba que tú me comprenderías…Pero ya veo que no…Con todo lo que yo me he sacrificado (por ti)…¡La vida es injusta! ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Todo me sale mal…”
(Momento drama con música de fondo: violines chirriantes y aporreo de piano in crescendo…voz en off molestamente chillona, olvidaros de la elegancia silenciosa)
Y resuena algo así:
“Mi vida es un erial
flor que toco se deshoja,
Y en mi camino fatal,
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja” (G.A. Bécquer)
Momento apoteósico…El éxtasis: POBRE DE MÍ ¡!!!!!!!!!! (aquí empieza a sonar el himno “mántrico”)
A estas alturas, querido amigo o amiga, te hallas en un aprieto. Empiezas a flaquear, a sentir las punzadas de la culpa, al fin y al cabo, puede que esta insufrible sufridora te preocupe, puede que sea alguien querido, y te duela de verdad su dolor. Con toda seguridad, se cerciorará de que así sea. Le has fallado. Te has atrevido a proponerle “curación”, posibles salidas a su desesperación, en lugar de ofrecerle lo que te exige: que le permitas perpetuarse en su quejido, en su alarido lastimero, para que pueda seguir dando vueltas sobre sí misma, como el pez que se muerde la cola y se devora a sí mismo.
Y es que cada cual es responsable de la vida que decide vivir. Para bien y para mal. Acusar al otro de la propia desdicha es la prueba irrefutable de la propia incompetencia. Uno es lo que hace.
miércoles, 9 de marzo de 2011
LA DEPENDENCIA EN NOMBRE DEL AMOR
Séneca dijo “No hay esclavitud más vergonzosa que la que se asume voluntariamente”, y alguien añadió “y el autocastigo la forma más degradante de humillación porque proviene de uno mismo”.
Ambas recuerdan a algunas parejas que se construyen falsamente en nombre del Amor.
Disfrazar de Amor lo que en realidad es miedo o necesidad. Nada nuevo. Tabla de salvación que pueda rescatar al náufrago de una muerte imaginada y no por ello menos amenazante. Tabla de salvación para quien se siente perdido y solo. Tabla de salvación para quien nunca fue alguien para nadie y se descubre, un día, que existe, porque alguien pronunció su nombre.
Estar a salvo es sobrevivir, que no es lo mismo que vivir bien. Se busca seguridad y protección. Se le exige a la tabla de salvación que nos lleve a flote, que no a buen puerto. Sólo a resguardo. Se le exige que se haga cargo de nosotros porque nos declaramos incompetentes para nuestro propio cuidado. Delegamos nuestra supervivencia, ni siquiera nuestro bienestar. Del disfrute ni hablamos. Son parejas que se sufren, aunque en secreto. Que se viven en un sinvivir. Que conviven sin compartir, en soledad.
Sorprende su transitar. Sin pasión, sin alegrías. No merecen más. Incómoda seguridad.
En nombre del amor y de la falsa seguridad, cuanto mal.
Resignarse a mal vivir es una opción, pero no la única posible.
