jueves, 12 de enero de 2017

PREOCUPANTE

“¿Cómo no se da cuenta que la quiero? ¡No hago otra cosa que preocuparme por ella!”

Así definía EL AMOR, Jaime, un chaval de veintipocos.

Las relaciones que había tenido, siempre con chicas algo más jóvenes que él, se basaban en el cuidado casi fraternal, en el mimo atento de quien protege algo sagrado y lo custodia celosamente.

Se mostraba preocupado en exceso, y demasiado es mucho hasta en lo bueno. Por tanto, no era de extrañar que a Jaime le dejaran más pronto que tarde sus “conquistas”, y sin embargo él no lograba entender porqué.

“¿Por qué me dejan si no hago otra cosa que preocuparme por ellas?” Me repetía con pasmosa indignación.

Curiosas las infinitas formas de entender “el Amor”...o de mal entenderlo. No sé.

Jaime creció en una familia donde el Amor se traducía en Preocupación por el otro; y claro, la preocupación se encuentra en el problema, no en la calma ni en el goce.

Jaime, digno hijo de sus padres, buscaba chicas “con problemas”, o sea, mujeres que sufrían.

Con el tiempo le crecieron las orejas...para oír más y mejor las penas, sin darse cuenta que eso, lejos de atraer a las chicas, las ahuyentaba.

Basar la relación en un interés obstinado por señalar el sufrimiento para ofrecerse como “escuchador de penas” no es la forma más atractiva de seducción. Puede que al principio funcione ese interés acusado por el malestar del otro, porque reconforta saberse escuchado, pero al poco tiempo, se echará de menos el interés curioso y alegre por saber de los gustos, pasiones, ilusiones, proyectos, aficiones, sueños...que conforman la propia identidad, y que también desea ser revelada, descubierta por y para el otro.

Jaime era de ésos. Un tipo algo tímido, de mirada amable y siempre disponible. Hizo de su habilidad “preocupante” un arte nivel Maestría. Su puesta en escena era impecable, juntaba las manos como un viejo predicador mientras escuchaba atentamente como un experimentado psicólogo...Del chico joven y seductor, ni rastro.

Si cada encuentro con la persona que se está conociendo va teñido de gris, solo porque uno es diestro en el manejo de ese color, probablemente acabará saturando el tono y fastidiando el dibujo.



Porque no es lo mismo preocuparse por alguien que interesarse por alguien...

¿Puedes ver la diferencia?









1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy interesante esta nueva noticia de EL MUNDO con una relación de cuentos infantiles especificamente orientados a que los niños se duerman. Super útil para padres, pedagogos, PTs, psicólogos infantiles. etc.
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http://www.elmundo.es/sapos-y-princesas/2017/01/14/587a8e98ca474190638b4592.html