jueves, 3 de mayo de 2012

SENTIRSE EN DEUDA


Mucho se ha dicho sobre la culpa, los culposos y los culpables.  Igualmente sobre sus víctimas, porque lo uno no existe sin lo otro, ni lo otro sin lo uno.  Condenados a vivir juntos hasta que el equilibrio los separe.


B.Hellinger elaboró una teoría sobre la culpabilidad, que de tan sencilla, duele.  

Y es que las relaciones se basan en un sistema de equilibrios, compensaciones y deudas. Dar y recibir, a partes iguales, en camino de ida y vuelta, mantiene el equilibrio. Cuando una de las partes da más, o quita más, el sistema se resiente en ambas direcciones. El que da,  espera recibir algo en compensación (gratitud, gesto, palabras o lo que sea que ayude a restablecer el equilibrio), y el que ha recibido, se convierte de inmediato en deudor, independientemente de que éste se sienta en deuda o no. De ahí los conflictos.

¿Pero quién está en deuda con quién? A veces, la línea es tan sutil que confunde.

Recordé esta teoría de la manera más tonta, como suelen pasar las cosas más interesantes.

Estaba a punto de cruzar por un semáforo en rojo (sí, lo siento, no soy japonesa) cuando un coche casi me embiste (ves, esto no les pasa a los japoneses). El conductor frenó bruscamente y yo reculé con más vergüenza que susto, levantando mi mano en señal de perdón. Me sentí “culpable“ (que no es lo mismo que serlo) y necesité “compensar” al hombre con un gesto de disculpa. Como el frenazo fue sonoro, necesité además, darle prioridad para que siguiera su camino. Yo esperaría mi turno, después de él y  así se habría restablecido el equilibrio en nuestra “relación vial”. Pero el hombre no aceptó mi ofrecimiento de darle paso y, por lo tanto, sin saberlo, estaba impidiendo que yo finiquitara mi deuda .En su lugar, me hizo una señal para que cruzara. Acepté, pero necesité “volver  a compensarlo” con un gesto de gratitud, que el hombre, esta vez, POR FIN, aceptó (con una inclinación de cabeza). Conseguimos reequilibrar el sistema, con resultado de bienestar para ambos. Para que eso acabara así, los dos tuvimos que hacer algo: yo compensar y él aceptar. Probablemente, si él no hubiera aceptado mi gesto de perdón, y me hubiera insultado mientras me negaba el paso, yo me hubiera sentido aún más culpable…sin poder hacer nada para expulsarme esa sensación.

Si trasladamos este “baile” a otras situaciones más dramáticas, encontraremos muchas:

Hijos que se sienten culpables por la desdicha de los padres y se autosacrifican (renuncian a lo que desean ser para convertirse en lo que sus padres desean que sea).

Mujeres o maridos que permiten abusos y humillaciones, en compensación por "el sacrificio" del otro en no abandonarlo/a.


El soldado que regresa de la guerra, amargado, rabioso... culpable. Se siente en deuda con los compañeros muertos, y no sabe como compensarlos  hasta que encuentra el modo: renunciando a su felicidad, deprimiéndose, enfermando, bebiendo…

Por otro lado, exigir la reparación al culpable, es también,  finiquitar la deuda. Es un acto responsable necesario. El culpable nos parece más culpable, y sus actos más graves, cuanto más indefensa es la víctima. Si la víctima exigiera reparación y no persisitiera en su victimismo, el sistema se reequilibraría, y no sería necesario que el entorno sintiera la necesidad de actuar en su nombre, aumentando el dolor, la culpa, el resentimiento, el sentido de injusticia… Y en consecuencia, creando más inocentes sufrientes y más malos malísimos.

Y es que, las víctimas no siempre son tan inocentes, ni los culpables tan culposos.

2 comentarios:

MuMu dijo...

Vaya, nunca me lo había planteado desde este punto de vista. Siempre pensé que era responsabilidad del "culpable" zanjar la deuda. Libera pensar que la "víctima" también puede tomar un rol activo en el intercambio pidiendo la reparación del daño. Interesante entrada!

Mayte Leal dijo...

Gracias por tu aportación, MuMu. A mi entender, ni los ángeles son tan buenos ni los diablos tan malos, a veces, arcángeles ambos, co-responsables, siempre. Un abrazo.