lunes, 22 de febrero de 2010

ESTO NO ESTÁ PASANDO: EL SECRETO FAMILIAR


A todas las familias les une algún secreto. Aquel hecho acontecido, pasado o presente, que conviene no ser revelado. El secreto ocupa un lugar destacado en el silencio familiar, reforzando con su amarga presencia, los hilos invisibles que entretejen las lealtades familiares: Yo no hablo, tú no hablas. Una unión de esfuerzo titánico cuyo cometido es…lo que nunca se dijo, nunca fue.

Si no se pronuncia, no existe. Pero la realidad apabulla con otra cara muy distinta: su presencia silenciosa contamina y se expande serpenteante por los recovecos familiares. Nadie dice, pero todo el mundo sabe.

¿Cómo hacemos para ignorar tamaña presencia? ¿Qué mecanismos actúan en nuestras cabezas y entrañas, para evitar lo inevitable, y aún sabiéndonos incapaces, unirnos en la mentira del “nada pasa, todo está bien”?

¿Qué fenómeno poderoso es ése, que une a los miembros de la familia en una ocultación “faraónica”de un secreto a voces? ¿Qué es tan importante para “el clan”, que obliga sin haber sido obligados, a mantener el pacto de silencio, en realidad nunca pactado?

La familia. Tan compleja y misteriosa. Se pertenece a ella, se quiera o se maldiga. Hilos invisibles que unen a sus miembros, y los conduce a participar en su juego, que curiosamente, nadie ideó. Los unos y los otros, generaciones pasadas y presentes que se dan la mano sin saberlo, que se heredan sin ser conscientes, y se pasan el testigo de su historia vivida y también imaginada ¿Sucedió lo que se cuenta o es ésta una versión revisada?

El secreto. Familias que viven fingiendo ignorar lo que saben. Un código de honor no escrito pero incuestionable.

El secreto es un fantasma con muchas formas, algunos esperpénticos, otros brutales, otros incómodos o vergonzosos… los hay ridículos o dolorosos:

“Esto no se te ocurra comentarlo, pero…Siempre se ha dicho que tu abuelo se casó por despecho, que en realidad estaba enamorado de…”

“Todo el mundo sabe que tus tíos nunca se han querido…”

“No soporto a mi padrastro, lo odio, y él a mí, estoy seguro, pero para no causar más dolor a mi madre, fingimos que nos soportamos…yo creo que ella se da cuenta pero no dice nada…”

La pregunta es ¿Qué nos lleva a mantener el secreto ? ¿A qué tenemos miedo? ¿Vivimos mejor en el incómodo silencio que en la incómoda verdad? Parece que sí… ¿Quizás confiamos poco en las oportunidades que puede ofrecernos “el cambio”¿O quizás ni siquiera las hemos contemplado? Cuánta carga emocional...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Supongo que a veces, esos secretos son para proteger intereses materiales. En otros casos, como bien está explicado, para no herir sentimientos de seres queridos. Pero lo que es muy triste es que en muchas ocasiones, sea por cobardia, porque no tenemos "narices" de enfrentarnos a temas duros que, posiblemente, si fueramos capaces de hablar claramente, pasariamos un mal rato, desde luego, pero sentiriamos una liberación que nos llevaria a vivir con mas paz interior.
De todas maneras, algunos secretos no vale tanto la pena contarlos y que estropeen nuestro entorno. Los podemos contar a vosotros, los psicólogos, y asi liberarnos un poco de esa carga emocional..

Un saludo
Miriam

Maria del Camino dijo...

Es cierto, los secretos de las familias. Secretos que llegas a conocer tarde o temprano. Quizá siempre han estado delante de ti, quizá siempre has tratado de averiguar el secreto. Ahora ya lo sabes y te sientes una persona estúpida que no ha sabido interpretar la realidad, algo tan evidente. Sólo cuando alguien te lo cuenta, eres capaz de verlo con claridad. Por fin ves con claridad. Pero sigue siendo secreto. El secreto concierne a alguien que no quiere que a nadie le concierna.
¿No sería un acto de egoismo decir , admitir frente a todos que conocemos el secreto, que sabemos todo cuando hasta ahora nos ocultaban sólo porque nos sentiremos liberados? ¿Está la otra persona a la cual concierne el secreto preparada para que lo admitamos de viva voz?
Cuando los secretos corresponden a problemas en el pasado tenemos derecho a expresar que conocemos el secreto o prevalece el derecho al olvido de aquella persona a la que concierne el secreto?....

Yoyo dijo...

Gracias Mayte, me ha encantado esta entrada por el contenido, la reflexión que da y tu exquisita redacción.

Creo que a lo que tememos está muy vinculado a la buena reflexión que ha hecho María del Camino. Por un lado, el miedo al cambio, como suele pasar, da lugar a algo desconocido que tememos (nuestro instinto generalizado y no siempre funcional de peligro!), pero en este caso muy especialmente a su vinculación con ese "compartirlo implícito" que nos hace sentirnos responsables de una de las partes del secreto y nos vincula a los demás que lo comparten como en un acto de fidelidad un tanto etérea, tal vez una parte de responsabilidad sobrevenida pero que por si acaso mantenemos, y muy especialmente el vínculo emocional que ata mucho... me viene a la mente un "castillito de piezas de dominó" al que tememos tocar tan si quiera una pieza por las consecuencias que preveemos tendrá.