lunes, 21 de febrero de 2011

¡TODOS AL SUELO, COÑO!


El viernes, en el programa Millenium del canal 33, se hablaba del golpe de estado del 23F. Los invitados explicaban, en primera persona, sus vivencias en aquel histórico día.

Me fascinó el relato de la Sra.Anna Balletbò, por aquel entonces, diputada socialista (joven, mujer y embarazada) presente en el hemiciclo el día en cuestión.

Cuando el presentador preguntó a los tertulianos si temieron por su vida en algún momento, si sintieron miedo, la Sra. Balletbò sorprendió con una declaración absolutamente soberbia acerca de cómo funciona el mecanismo del miedo (y sus defensas) en situaciones de extrema necesidad.

Recordaba que aquel día, en el hemiciclo, cuando los militares entraron en la sala, ella, probablemente como todos los allí presentes, se sintió confusa, no entendiendo el alcance de lo que aún estaba por llegar. A los pocos minutos, y habiendo comprendido ya, sus mecanismos de defensa se pusieron a funcionar…¿Cómo? Buscando opciones de supervivencia. Cuando se oyeron los primeros tiros, en un acto impulsivo, de reacción inmediata, se encogió sobre sí misma, con la cabeza entre sus piernas, protegiendo su barriga…protegiendo a su hijo, mientras esperaba sentir la bala atravesar su cabeza.

En cuestión de segundos, y ante una situación altamente ansiógena, esta mujer hizo algo. Proteger con su cuerpo, a su hijo aún no nacido. Era todo cuanto podía hacer, pero también pudo no hacer nada. Ella optó por actuar, dentro de sus posibilidades.

Minutos después, decidió actuar nuevamente: agarró del brazo al militar armado, que tenía a su lado, y mostrándole su embarazo, le pidió salir de allí. El militar accede. Nuevamente actúa, y consigue salir hacia la calle y ponerse a salvo.

Esta mujer expresa con claridad como mientras tenía opciones de hacer algo, el miedo no avanzaba, no la invadía haciéndola prisionera. Mientras podía actuar, mientras tenía opciones de hacer algo, por insignificante que pudiera parecer, se sentía “que no perdía el control sobre su vida”, que aún podía tomar decisiones al respecto.

Fue cuando salió al exterior, que empezó a sentir sensación de pánico…Ya no podía controlar qué estaba pasando allí dentro…ya no podía hacer nada dentro de la sala. Pero volvió a actuar, haciendo en esa nueva situación, aquello que sí estaba en su mano hacer: llamó al Rey para informarlo y prosiguió con las gestiones políticas necesarias en una situación de crisis.

El miedo genera ansiedad. La ansiedad sobreactiva el cuerpo, demandando “hacer algo” para responder a la supuesta amenaza. ¿Hacer frente o evitar? Dos opciones posibles. Sólo una reduce los niveles de ansiedad…y, por tanto, de miedo. Curiosamente, aquella opción que parece momentáneamente “salvarnos”, nos hace rehenes. No nos libera sino que nos aprisiona…cada vez un poquito más. Hasta perder la libertad.

No puedo hacer nada…No puedo hacer nada…no puedo hacer nada…

¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer?

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