martes, 19 de agosto de 2008

ABUELITA DIME TU



Soy una habitual de RENFE, mal que me pese. Hace unos días, en el tren, presencié una escena que me encogió el alma. A ojos de muchos pudiera ser una escena trivial...


Compartí trayecto y asiento con unos abuelos que rondarían los sesenta, un nieto varón de unos 7 años y su hermanita de unos 5. Por la inquietud de los niños y sus prontas peleas, deduje de inicio que aquello prometía...

La abuela, de escasísima paciencia y de nula delicadeza, no tardó en propinar un bocinazo al nieto mayor. Éste no hacía otra cosa que mecer sus piernecillas alegremente sin molestar a nadie, pero se llevó la bronca. Su hermanita, una criaturilla chillona e insufrible, aprovechó la regañina al hermano para coger impulso, y encarársele haciéndole burla. El niño aguantó estoico sin inmutarse, hasta que la mocosa le arreó un guantazo que lo puso mirando al Este. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Debió pensar el santo varón, harto de los abusos caprichosos de la princesita; de modo que la empujó delicadamente. Faltó tiempo para que aquella abuela, furiosa como si la hubieran poseído, se lanzara contra el chaval y aplaudiéndole la cara le soltara una fineza como esta “Eres malo, siempre andas molestando a tu hermana, pobrecita, y nos tienes hartos. Menos mal que ahora te llevamos con tus madre. El abuelo y yo nos quedamos con tu hermana. Le hemos comprado una piscina enorme para que pueda jugar...y tu no”. La abuela usaba un tono hiriente y poco adecuado para un niño de esa edad. El abuelo, ni caso, sólo atento a su nietecita, ante los ojos suplicantes del chaval, a quien parecía no ver.


¡El niño era invisible para el abuelo y visiblemente “dañino” a ojos de la abuela! Una mezcla explosiva de muy mal pronóstico, ¿no?


La niña endiosada bajo la protección de ambos abuelos, se crecía, gritando, burlando y provocando a su hermano, que aunque se sabía sin aliados (y por lo tanto, perdedor) luchaba imperiosamente para rascar algo de atención. La abuela, una cizañera incansable, atormentaba al chiquillo, ignorándolo en sus reclamos y mirándolo de reojo, avivaba sus celos, acariciando a la hermana, y comiéndosela a besos. La abuela sonreía sabiendo como escuece eso, (quizás lo aprendiera en su propia carne hace ya muchas décadas). El niño, nervioso, se debatía entre sacarle los ojos a la princesita, o lanzarse a los brazos de su abuela mendigando un “¡yo también quiero!”. Qué triste escena. El niño, finalmente optó por lo que más anhelaba, y se avalanzó hacia su abuela, que lo recibió con un desaire devolviéndolo a su asiento. Lo que viene a continuación es impactante: la abuela lo amenaza con retorcerle el brazo y darle un pellizo, y el niño, con una expresión seria pero suplicante, le entrega el brazo y grita: “¡Hazlo, hazlo, hazme daño, pellízcame, pégame!”


En realidad, ese mensaje, bien podía estar diciendo: “Aunque sea haciéndome daño, hazme caso, por favor...¡Estoy aquí!¡yo también existo!”


No debe haber peor sensación para un niño que la de sentirse ignorado, porque ¿cómo se lucha contra la invisibilidad? ¿Llamando la atención aunque sea “haciendo algo malo”? Extraños caminos en busca de amor...

10 comentarios:

Miguel Ángel Raya Saavedra dijo...

Hace años una compañera que trabaja con niños en una clínica psicológica infantil me comentó que una niña de 10 años le dijo algo así como "que me pegue, pero al menos me prestará atención"...
Me encanta la reflexión sobre el origen infantil del comportamiento de la abuela.

lely dijo...

Todo el mundo necesita que le quieran,y la busqueda de cariño nos hace cometer a veces,estas desesperadas llamadas de atención,que me pegue,pero al menos me presta atención..Un placer leerte,y ,por cierto compartimos apellido.un beso

Mayte Leal dijo...

¡Vaya! ¿Lely Leal? Casi parece un trabalenguas...Te agradezco mucho tu comentario.
Sí, la búsqueda de atención, de cariño... de amor, tiene infinitos caminos, aunque no siempre el que escogemos conduzca a él.

He pasado por tu blog. Me gusta el nombre que has elegido...¡que sigas buscando esos momentos, y encontrándolos!

Un abrazo,

Carles Català dijo...

A la siniestra abuelita no la hacían caso en su casa porque toda la atención se la llevaba el hermano mayor, seguro, y ahora se venga.

Demos gracias a que no haya salido atracadora de bancos, aunque eso, quien sabe, tal vez lo haga el nietecillo...

Mayte Leal dijo...

Pues mira...no es mala tu hipótesis. ¿Quién sabe? Lo que parece seguro es que "algo" ocurrió a la dulce abuelita en un pasado. Algo que le activó la chispa con su nieto. ¿Pudo ser su madre el espejo en el que ella se refleja ahora? ¿Quien sabe? Lo que me parece curiosa es tu visión de futuro del pobre nietecillo...¿ladrón de bancos? pues fíjate que yo me lo imagino, más bien como un personaje tristón, solitario, de esos que mira con recelo todo lo que se mueve...No sé.

Carles Català dijo...

Bueno, en realidad lo de atracar bancos es lo primero que se me ha ocurrido. Al leer la descripción de la dulce abuelita, no sé porqué, he pensado en un western que vi hace tiempo en el que la mamá (una señora ya entrada en años, pelo canoso, etc) era la jefa de una banda de atracadores de bancos (sus siete u ocho hijos) que tenía aterrorizada a toda la comarca. Era muy divertida, los hijos eran unos temibles delincuentes, pero en casa se llevaban unos broncazos impresionantes de mamá por no lavarse las manos antes de comer y pobre del que se le ocurra rechistar.

Más en serio, me da mucha pena el chaval. Todos los padres y/o abuelos tienen sus favoritos, aunque no lo quieran confesar, pero que te toque una abuela así es una desgracia.

Lara dijo...

me conmovió mucho el texto. Te lo puedo robar para publicarlo en http://fotolog.com/tumisonrisa ? te pregunto antes de hacerlo, voy a esperar ansiosa tu respuesta.
Desde ya, Gracias.
saludos

Anónimo dijo...

Duele tanto este articulo!!...
..Esta HORRENDA ABUELA se está cargando a mucha gente a la vez.. De mayores,el niño no ganará para psicologos, la niña será horripilante y a la gente que conozca a su paso, la pisoteará de lo lindo... O sea, les garantiza la soledad y la infelicidad a los dos..
Perdón por mi opinión tan desatada. Creo que la persona que maltrata a un niño, de la forma que sea, es la mas cobarde, ruín, frustrada... Se podrian poner palabras muy feas.

4ever

cristina dijo...

¡Que asco de vieja!... ¡perdon!, pero es lo mas bonito que se me ocurre ante semejante esperpento ignorante...
Ese defecto patetico de ver reflejado en un niño la personalidad del progenitor que no es santo de nuestra devocion (mil duros a que el yerno le cae mal a la vieja), es mucho mas frecuente de lo que pensamos. Yo misma tengo varios sobrinos, y un cuñado que no soporto, y no deja de sorprenderme que mis miserias tiendan a hacer de mi una persona injusta, no logrando sentir por mi sobrino (el que mas se le parece a mi cuñado), el mismo amor que siento por los otros. Soy al menos, y a diferencia de esa cochambrosa señora, (perdon de nuevo), consciente de esa limitacion dantesca, y me obligo a ser justa con mi pobre sobrino, que ninguna culpa tiene de mis paranoias...
si llego a presenciar esa escena fijo que me dirijo a la vieja... me pasó algo parecido en la cola del supermercado el otro dia con un padre y su hijo, y no te cuento el numerito que se montó, pero es que los abusos a niños me pueden desde que soy madre...

Anónimo dijo...

wow... en verdad no sé qué hubiera hecho exactamente de haber estado ahí... pero creo que algo se me hubiera ocurrido, o al menos, es lo que, viendo desde esta perspectiva hipotética mía, desearía que pasara... ^^

En verdad, cómo dan ganas de haberle dicho algo al niño, más que a esa señora que quizá ya tuviera demasiado cerrada la cabeza como para ver su propia persona desde afuera (o quizá sí, quién sabe...). Decirle de alguna manera al niño que no es que él estuviera mal, que realmente puede ser amado y lo será.

Qué curioso es ver, con este tipo de ejemplos de la vida real, cómo se van formando lo que después de unos años serán cosas profundas dentro de la vida de alguien y que quizá ni cuenta se de de que están ahí.
Pero bueno, creo que todo es por algo y quizá lo más extraño y "malo" del mundo sea necesario para después alcanzar con ello un potencial de acción lo suficientemente fuerte para dar un salto al siguiente nivel y obtener una lección muy importante de vida que signifique un genuino cambio para uno mismo y para la influencia de uno en los demás.
-- Lau