martes, 12 de mayo de 2015

SALVADOR, SÁLVATE DE TI MISMO

Parecía un triunfador y se esforzaba en parecerlo, aunque su actitud extremadamente cordial lo delataba. Salvador era un tipo amistoso, de aquellos que gusta gustar. Necesitado de reconocimiento y valoración, su empeño iba dirigido a ese fin.

Era un personaje gracioso, de esos que divierten en las fiestas y agrada de su compañía. Siempre dispuesto a contar la anécdota más fascinante, envuelta en un halo de absoluta credibilidad. Esas historias delirantes pero fantásticas, narradas en primera persona, captaban admiración.



Cualquiera que le prestara demasiada atención a su eterna sonrisa, pudiera pensar que la vida no le había ido nada mal: un hombre resuelto, al parecer exitoso, popular en su barrio, admirado...igual que su padre.

Sin embargo, una mirada más observadora se sorprendería de que alguien tan sociable gozara de tan pocos amigos, apenas un par, si somos generosos. Acercarnos a su historia nos llevaría a entenderlo:

Hijo orgulloso de un padre  triunfador, adicto a aquellos éxitos que llevaran consigo un reconocimiento público. Salvador creció señalado como "El hijo de", tal fue su suerte, que vivió sintiéndose en deuda perpetua con semejante carga. Una condena que aceptaría sin fianzas.

Siendo el hijo de alguien aprendió a vivir la vida de nadie.

Y es que quien vive bajo la sombra alargada de un padre brillante está condenado a brillar, aunque su luz sea robada.

Salvador invirtió toda una vida en parecerse a él, y el precio fue renunciar a su persona, tan poderosa es la lealtad al apellido que uno hereda. Construyó poco a poco, con más renuncia que destreza, una imagen suya de cartón piedra, un reflejo vacío que el espejo no le devolvería. Un doloroso fraude, más para sí mismo que para el mundo, porque quien pretende ser, no es y la propia naturaleza acaba por descubrir el engaño.

Y llegó el día en que se descubrió agazapado, ocultándose para no ser descubierto, y entonces entendió.

Entendió que el reverso de la cara es la cruz, y que el coste de una vida vacía por falsa es demasiado alto hasta para los farsantes. Y añoró el sabor de lo auténtico que nunca conoció. Y soñó con poder contarle a alguien sus miedos, sus mentiras..y se sintió solo y asustado.

Y se refugió en el alcohol. La alternativa requería honestidad y valor...








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